En un mundo lleno de mensajes, opiniones e intereses, escuchar se ha convertido en un acto que requiere intención y habilidad. Muchas veces entramos en reuniones donde la tensión es evidente, los intereses divergen y pareciera que nadie se siente realmente comprendido. Frente a esto, proponemos reflexionar y adquirir herramientas para desarrollar la escucha activa en escenarios que, por su complejidad, desafían nuestra capacidad de permanecer atentos, centrados y empáticos.
Entendiendo la escucha activa en contextos complejos
La escucha activa es mucho más que oír palabras; implica prestar atención plena, interpretar el mensaje completo, responder con asertividad y mostrar empatía ante el otro. En contextos de reuniones complejas, donde los participantes pueden tener diferentes prioridades, emociones intensas o falta de confianza, el reto es aún mayor.
En nuestra experiencia, hemos comprobado que cuando escuchamos activamente, disminuye la resistencia, aumentan las posibilidades de acuerdo y las personas experimentan mayor claridad y confianza. Pero esto requiere compromiso, autogestión y una firme decisión de no caer en los automatismos de la reacción impulsiva o la distracción.
Preparándonos antes de la reunión
El éxito de una escucha activa durante una reunión compleja comienza antes de que esta se inicie. Recomendamos dedicar unos minutos a:
- Revisar los propios objetivos e intereses personales y los del grupo.
- Identificar posibles puntos sensibles o temas que pudieran generar polémica.
- Reconocer el estado emocional propio para no contaminar la escucha con juicios previos.
Esto permite que nos presentemos de una manera más abierta y dispuestos a comprender, no solo a responder.

Desplegando la escucha activa durante la reunión
Presencia plena
Dejamos de lado el móvil, las distracciones y los comentarios internos. Estar presente significa mostrar que el interlocutor merece nuestra atención y respeto.
La verdadera escucha comienza cuando dejamos de planear la respuesta.
Empatía sin suposiciones
Asumir que entendemos el problema del otro sin escuchar verdaderamente lleva a malentendidos. Procuramos preguntar y aclarar siempre que algo no sea evidente, reformulando: "¿Lo que intentas decir es…?"
Lenguaje corporal congruente
Nuestra postura, gestos y mirada son señales constantes. Asentir, mirar a los ojos, mantener una actitud neutral y receptiva refuerzan la comunicación no verbal y le dicen al otro que estamos dando espacio a su voz.
Si notamos que alguien adopta una postura cerrada, preguntamos con amabilidad: “¿Te gustaría añadir algo más?” Esto invita a abrir el diálogo.
Parafrasear y resumir
A menudo, ante temas complejos, resumimos y verificamos lo entendido: “Si comprendí bien, tu preocupación central es…”. Este gesto sencillo previene suposiciones y muestra interés genuino.
Reconocer emociones sin juzgar
En ocasiones, lo no dicho pesa más que las palabras. Escuchar también implica captar matices, silencios y cargas emocionales. Validar lo que sentimos que subyace (“Parece que este tema te preocupa bastante”) ayuda a construir confianza y reducir tensiones.

Evitando trampas y obstáculos habituales
A lo largo de los años, hemos visto que ciertos hábitos limitan nuestra capacidad de escuchar:
- Interrumpir antes de que el otro termine de hablar.
- Responder con juicios o críticas en vez de escuchar el mensaje completo.
- Desviar la atención hacia nuestras propias experiencias, quitando foco al interlocutor.
- Permanecer a la defensiva cuando escuchamos algo contrario a nuestras ideas.
Al identificar y decidir conscientemente evitar estos patrones, transformamos el clima de la reunión y favorecemos la confianza mutua.
Después de la reunión: cultiva la comprensión y el seguimiento
El trabajo de escuchar activamente no termina al salir de la sala. Es conveniente:
- Revisar las conclusiones, especialmente aquellas que surgieron de la escucha atenta.
- Enviar un resumen claro y breve a los participantes, destacando acuerdos y próximos pasos.
- Solicitar retroalimentación sobre el proceso de comunicación y qué podría mejorarse para la próxima vez.
Mostrar consistencia entre lo que escuchamos, lo que decimos y lo que hacemos refuerza nuestra credibilidad como líderes de reuniones.
La autenticidad inspira confianza.
Actitudes para sostener la escucha activa en la práctica
A continuación, compartimos acciones que nos han ayudado a integrar la escucha activa en contextos desafiantes:
- Adoptar una curiosidad sincera acerca de lo que el otro piensa y siente, sin buscar simplemente confirmar nuestras propias ideas.
- Asumir que cada persona ve el mundo de modo diferente, y que su perspectiva puede enriquecer la visión grupal.
- Practicar la paciencia ante silencios o pausas incómodas, ya que muchas veces anuncian que algo importante está por decirse.
Tips para mantener la escucha activa en reuniones extensas
- Hacer pausas programadas para recobrar la atención y energía.
- Turnar la palabra para evitar que solo hablen unos pocos.
- Utilizar preguntas abiertas ("¿Qué opinas al respecto?") que inviten a la reflexión colectiva.
Escuchar también es un acto de generosidad.
Conclusión
La escucha activa en reuniones complejas no es solo una habilidad profesional. Es una manifestación profunda de madurez emocional y claridad interior. Si asumimos el desafío de escuchar desde la presencia, la empatía y la coherencia, crearemos espacios en los que los acuerdos no solo sean posibles, sino sustentables y respetuosos.
Fortalecer nuestro liderazgo personal y colectivo pasa por aliarnos con la escucha activa como un hábito que transforma la comunicación, las relaciones y los resultados que queremos alcanzar.
Preguntas frecuentes sobre la escucha activa en reuniones
¿Qué es la escucha activa en reuniones?
La escucha activa en reuniones consiste en prestar atención intencional y consciente a los mensajes de los demás, interpretando tanto el lenguaje verbal como no verbal, validando emociones y mostrando comprensión sin interrumpir ni juzgar. Es una forma de comunicación que busca que todas las voces sean escuchadas de forma respetuosa y clara.
¿Cómo aplicar la escucha activa fácilmente?
Aplicar la escucha activa puede ser más sencillo si nos enfocamos en eliminar distracciones, mantener contacto visual, evitar interrumpir, parafrasear lo entendido y validar emociones cuando sea necesario. También ayuda preguntar para clarificar puntos y mantener una actitud de apertura.
¿Para qué sirve la escucha activa?
Sirve para crear ambientes colaborativos, construir confianza, prevenir malentendidos y facilitar acuerdos sostenibles. Permite que las reuniones sean más productivas y que las relaciones laborales se fortalezcan, incluso en contextos difíciles.
¿Cuáles son los beneficios de escuchar activamente?
- Se reduce la posibilidad de conflictos.
- Aumenta la satisfacción de los participantes.
- Favorece la toma de decisiones informadas.
- Potencia la creatividad y el surgimiento de nuevas ideas.
¿Cómo mejorar la escucha en reuniones complejas?
Para mejorar la escucha en reuniones complejas, recomendamos prepararse emocionalmente antes de comenzar, practicar la empatía, asegurarse de comprender los diferentes puntos de vista, preguntar para clarificar y evitar juicios prematuros. Tomarse pequeños descansos y alternar momentos de exposición de ideas facilitan la integración de la escucha como un pilar central de la comunicación.
